Hoy es noche de chicas.
Mi hija mayor se ha graduado, y las madres nos vamos de cena de graduación también. A parte, claro está. Que para eso nos lo hemos currado igual o más.
Ahora toca decidir el qué me pongo. Y es que, aunque todas tengamos nuestro propio estilo, según la ocasión, varía mucho nuestra forma de vestir.
Yo que de noche apenas salgo, y menos sin mi pareja, no tengo la menor idea de qué ponerme. Así que, optimista yo, recurro a mis medianas.
Al ir sacando prendas de mi armario, todas se llevan el mismo calificativo, de madre, de madre... Y como que me lo digan mis dos hijas tiene guasa, las echo algo mosqueada y ellas, muertas de la risa, me dejan sola ante la difícil decisión.
Cuando no me decido, recurro al truco fácil, toda de negro: pantalón negro, blusa negra y un maxicollar de temporada. Pero es que esta vez no me acaba de convencer...
Pruebo el mismo pantalón con distintos tops y no me remata. Cansada, cojo unos de mis vestiditos, descartados por mis niñas, y con un taconazo y maxicollar, salgo tan contenta, aunque algo a la expectativa de cómo irán las demás.
Cuando por fin las veo, me doy cuenta de que no me he equivocado. Todas hemos sacado frescos y favorecedores vestidos, en fin: todas vamos de madres...
