Mi monedero no entra. Bueno, caber, cabe, pero entonces no puedo meter nada más. Tengo una pequeña carterita para estas ocasiones, pero entre el dinero y la cantidad de tarjetas que tenemos (Las del descuento del súper, la de las tiendas de las niñas, la de comercios de ropa, las de maquillaje...). No si es que ahora entras a un establecimiento e, indefectiblemente, sales con la tarjeta... En fin, elegiré unas cuantas.
Sigamos; las llaves de casa y el coche, con esos llaveros tan vistosos que les puse no me van a caber. Pues nada, se las cargo a él.
De maquillaje, un brillo en talla mini. Nada de la bolsita de emergencia que veo salir de mi anterior bolso. Pañuelos... Cogeré uno. Caramelos y chicles, (ya os dije que era golosa) ésta vez no puede ser y voy viendo que a mi precioso clutch le va costando cerrarse.
Cojo por último el móvil, y miro con pena las demás cosas que parecen que me están llamando para que las incluya en mi exiguo bolso. Lástima, otra vez será. Ni el espejito, el boli, la agenda, la muestra de perfume, la bolsa dobladita... Que no, no entra más.
Así que salgo contenta por estrenar mi nuevo clutch, pero añorando el espacio de mi bolso shopping.
Bss.
Atte Carmen.











